¿Cuál es la función del conjunto de prácticas, profesionales o no, que integran eso que se acostumbra a llamar Intervención Social? ¿A qué intereses responde? ¿En qué medida favorece a los más desfavorecidos? ¿Hasta qué punto es, como barruntara Donzelot, un mecanismo de desactivación de las pasiones políticas y, por ello mismo, un freno a los deseos de transformación social radical?

Más allá de los discursos autolegitimadores que se desarrollan desde, por ejemplo, el Trabajo Social o la Educación Social, creemos que es necesario profundizar en el análisis crítico del conjunto de disciplinas que gravitan en torno a ese territorio siempre mal definido de “lo social”. Desde al menos la década de los 70 del pasado siglo xx se ha venido desarrollando toda una serie de investigaciones que ponen en entredicho la presunta bondad de las disciplinas que de una forma y otra tratan de dar respuesta a la resbaladiza y cambiante cuestión social. Desde La Fábrica de lo Social se busca abundar en esa tradición crítica, por un lado, recuperándola, actualizándola y desarrollándola en función de las necesidades presentes, y, por otro, llevando a cabo una “crítica de la crítica”, al poner de manifiesto las limitaciones o, incluso, lo efectos indeseables de esta tradición.